Una investigación difundida por el analista digital Wilmer Machaca expone indicios de una presunta estructura coordinada de cuentas en redes sociales dedicada a amplificar mensajes políticos, atacar voces críticas y alterar artificialmente la conversación pública en Bolivia. El caso volvió a poner en debate el uso de operaciones digitales en el escenario político del país.
Todo comenzó con una publicación del economista Gonzalo Colque sobre el avión CP-3243, vinculado al ministro Mario Justiniano. Minutos después de difundirse el mensaje, la publicación recibió una avalancha de comentarios hostiles y reacciones de burla concentradas en apenas cinco minutos.
Machaca sostiene que el comportamiento detectado no corresponde a una interacción orgánica. Según su análisis, en un solo segundo llegaron a registrarse 146 comentarios y, en pocos minutos, más de 500 interacciones negativas inundaron la publicación.
Después vino el rastreo digital.
El investigador identificó 375 cuentas que participaron repetidamente en el ataque y luego comparó su actividad con publicaciones del Ministerio de Desarrollo Productivo y Tierras, encabezado por Justiniano. El resultado, asegura, fue la detección de una red de al menos 1.025 cuentas que interactúan entre sí de manera sistemática.
La investigación también describe patrones comunes entre los perfiles analizados. Muchas cuentas fueron creadas entre 2025 y 2026, utilizan nombres bolivianos frecuentes, mantienen restringida la información de sus perfiles y repiten estructuras lingüísticas similares en los comentarios.
No son exactamente iguales. Pero se parecen demasiado.
Machaca afirma que este tipo de operaciones digitales no es nuevo en Bolivia. Recuerda que desde hace años existen estructuras destinadas a instalar narrativas políticas, promover autoridades o desacreditar adversarios, aunque sostiene que en la actualidad la escala y la intensidad de esas prácticas se han profundizado.
El informe también señala un cambio importante: antes estas dinámicas aparecían principalmente en períodos electorales. Hoy, según el analista, funcionan de manera permanente y forman parte de una lógica constante de polarización, hostigamiento y deshumanización del adversario político.
La investigación menciona además la concentración de influencia política, mediática y digital alrededor de Mario Justiniano. Según Machaca, el ministro no solo ocupa un cargo dentro del aparato estatal, sino que también posee presencia en medios de comunicación y espacios digitales con capacidad de amplificación política.
Para el analista, el problema trasciende un caso particular.
“Lo importante no es solamente quién ataca a quién, sino entender que hoy existe una capacidad organizada para manipular conversaciones, amplificar odio e influir artificialmente en la conversación pública”, concluye el documento difundido en Facebook./ Andrés Gómez Vela
Fuente: El País
